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Archive for 2 diciembre 2010

Tengo un ferviente deseo…..
Emoción y deseo son dos temas que han ocupado la atención de filósofos, psicólogos, pensadores laicos y religiosos en todas las épocas y se han propuesto toda clase de soluciones sobre la mejor manera de convivir y manejar ambos fenómenos.
Pero solo en la segunda mitad del siglo XX, cuando se pudo entender algo mejor el funcionamiento del cerebro humano que ha sido posible esbozar una teoría que permite entender mejor ambos fenómenos y plantear una manera más eficiente de vivir con ellos sin meternos en problemas.
Hoy en día sabemos que el mundo emocional no es un subproducto de la mente humana sino que tiene el rango de inteligencia tanto como la tiene la inteligencia racional que ha sido considerada la función mas elevada del homo sapiens. (E. De Beauport. Las Tres Caras de la Mente 2006).
Ya Hobbes en el siglo XVII había señalado que toda la motivación que sentimos proviene del mundo emocional y hoy se ha confirmado que el cerebro límbico sede del mundo emocional opera a través del efecto que sobre el tienen los estímulos que recibe por los cuales se deja afectar, y una vez sentido ese afecto se activa el desear que nos impulsa a la acción para tratar de satisfacer el deseo y de esta manera obtener el bienestar que es el estado en el nos sentimos bien.
El problema se presenta por que intentamos catalogar las emociones y los deseos en buenos o malos, apropiados o impropios y hemos establecido las reglas éticas y morales para evaluar deseos y emociones, reglas que no siempre se ajustan a las necesidades del sistema límbico por lo que entramos en conflicto entre la fisiología cerebral y las reglas de la sociedad y la cultura.
Es claro que no es posible ni aconsejable satisfacer todos nuestros deseos es necesario seleccionar de los estímulos que recibimos por cuales nos vamos a dejar afectar y por cuales no podemos hacerlo, este proceso de selección es un proceso eminentemente racional.
Pero nuestro planteamiento es que es necesario darnos la oportunidad de sentir las emociones, sin calificarlas ni juzgarlas, porque no hay emociones buenas ni malas y una vez que nos permitimos sentir podemos comenzar el proceso de selección para decidir si permitimos o no que nos afecten. Porque si no nos damos el permiso de sentir, la única solución es reprimir el sentimiento y se ha comprobado que la represión no sirve y es perjudicial para la salud física y mental.
Como conclusión se puede decir que es necesario:
1º Darse la posibilidad de sentir libremente todas las emociones, sin juzgarlas ni calificarlas.
2º Adquirir la maestría con la que podamos manejar las reacciones frente al bloqueo de nuestros deseos.
3º Asegurar la posibilidad de satisfacer algunos deseos.

Estas son someramente las bases de lo que hoy en día se llama ser “emocionalmente inteligentes”

Isidoro Zaidman
Presidente FUNDAPROSAL
fundaprosal@gmail.com

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